Nuestro Amor
Nuestra Historia
Hay momentos en la vida en los que no entendemos por qué suceden ciertas cosas. Hay puertas que se cierran, planes que cambian y temporadas que parecen alejarnos de aquello que anhelamos. En esos momentos solemos preguntarnos qué está haciendo Dios, sin imaginar que, aun en silencio, Él sigue preparando el camino.
Sin que nosotros lo supiéramos, nuestra historia comenzó mucho antes de aquel primer mensaje, mucho antes de aquella salida entre amigos, mucho antes de volver a encontrarnos después de tantos años.
Mientras uno atravesaba temporadas de espera, aprendiendo a guardar un corazón dispuesto a amar profundamente, el otro caminaba por procesos que parecían derrumbar todo aquello que había construido. Ninguno entendía el propósito de esos caminos. Ninguno podía ver todavía el destino al que Dios los estaba llevando.
Y entonces, cuando llegó el momento correcto, Dios volvió a cruzar nuestros caminos.
Entre conversaciones sinceras, vulnerabilidades compartidas y momentos cotidianos, comenzamos a descubrirnos de una manera inesperada. Poco a poco encontramos en el otro algo que no sabíamos que estábamos buscando: descubrimos un lugar seguro.
Un lugar donde podíamos hablar desde el corazón, mostrar nuestras heridas sin miedo y compartir nuestros sueños con libertad. Un lugar donde la bondad, la ternura y la autenticidad del otro nos hacían sentir vistos, comprendidos y amados.
Y mientras nuestros corazones se acercaban, algo se volvía cada vez más evidente: Dios había estado obrando mucho antes de que pudiéramos verlo.
Aquello que alguna vez pareció una espera sin sentido había sido preparación. Aquello que se sintió como una tormenta había sido dirección.
Lo que comenzó con una amistad reencontrada se transformó en un noviazgo lleno de intención, propósito y la certeza de que Dios estaba guiando cada decisión. Aprendimos a caminar juntos, a cuidarnos, a elegirnos cada día y a construir una relación cuyo centro siempre fuera Él.
Hoy, al mirar hacia atrás, entendemos algo que antes no podíamos comprender. Dios no estaba retrasando nada. Dios estaba preparando todo.
Y por eso hoy damos este paso con alegría, gratitud y convicción. No porque conozcamos todo lo que nos espera, sino porque conocemos a Aquel que nos ha traído hasta aquí.
Queremos compartir con ustedes el inicio de esta nueva etapa y celebrar el amor, la fidelidad y la gracia de Dios en nuestras vidas.
Porque si nuestra historia nos ha enseñado algo, es que aun cuando no entendemos el camino, Dios sí lo entiende. Y cuando ponemos nuestra vida en sus manos, Él tiene la costumbre de escribir historias mucho más hermosas de las que podríamos imaginar.
14 de abril de 2026 a las 4:27:43 p.m.
En esta fecha dijo que si, aunque sabiamos que pasaria, ambos estabamos nerviosos.



